martes, 18 de diciembre de 2012

Análisis FODA/4: fundamentar proyectos





Finalizamos nuestras publicaciones sobre el FODA compartiendo observaciones sobre el armado de la dinámica de trabajo y el uso que la OSC puede darle a la información obtenida a lo largo del proceso.



    ¿Cómo armar la dinámica de trabajo?

    La efectiva familiaridad de los participantes con una herramienta como el FODA es clave, pero puede ser muy variada, así como su instrucción y su percepción de la realidad. No siempre es posible nivelarla, por falta de tiempo, pero tampoco es necesario: también en este caso, la diversidad de enfoques es una riqueza.

    Es relativamente fácil armar una reunión para debatir acerca de oportunidades y amenazas educativas en el barrio, pero no es tan remota la posibilidad de que “nos vayamos por las ramas” y, una vez que demos la palabra, nos quedemos en la simple metodología del “micrófono abierto” y nos cueste enfocarnos en los temas realmente significativos y abordables.

    En eso se ve toda la habilidad del moderador, que tiene que acompañar el grupo, escuchando en profundidad y ayudando a reunir información valiosa, pero con la consciencia de que a veces es necesario “conducir” el debate para que todos los participantes den su aporte y se traten temas que en verdad estén al alcance de la organización a nuestro cargo. Es una habilidad que se adquiere con el tiempo y la experiencia, normalmente; por lo tanto, además de documentarse hasta donde uno pueda, es más que nada cuestión de lanzarse e ir aprendiendo, sin particulares temores.

    Por ejemplo, es muy frecuente que los debates sobre diagnóstico de problemas se conviertan en algo demasiado amplio, igual que los objetivos que se quieren alcanzar. Por esta razón, es común jerarquizarlos respectivamente en árbol de problemas y árbol de objetivos. Es un tema muy complejo, que pensamos sea oportuno abordar con suficiente detenimiento en otras entradas. Por el momento, es suficiente decir que existen técnicas para identificar una situación negativa (o problema central) a la que se pretende dar solución y que se puede representar como el tronco de un árbol; pero también existen las raíces, las causas del mismo problema, y la copa, las consecuencias o los efectos del problema. Es muy importante distinguir todo eso para obtener un diagnóstico manejable y no ilusionar a nuestras contrapartes con objetivos demasiado ambiciosos, porque algo parecido pasa con los objetivos que podamos fijar.

    El discursos es diferente si trabajamos para entidades de gran envergadura que pueden aspirar a tener incidencia en las políticas públicas de un país (pienso en Caritas o en Greenpeace, sólo para mencionar dos) no tanto para organizaciones pequeñas. Sin embargo, sería equivocado menospreciar el aporte de una organización a la construcción del bien común, por más que sea limitado; por lo contrario es muy valioso. Esto lo aclaramos, porque vista la complejijdad de las situaciones que encaramos, es frecuente caer en el error de no dimensionar adecuadamente el volumen justo de actividades que pueda realizar una organización y se termina achicándolo o agrandándolo en base a parámetros sujetivos. Pero, también las personas invitadas a involucrarse en un diagnóstico participativo, para redactar un FODA, necesitan saber que hay un límite estructural que una organización no puede superar: para todo lo que está más allá de este límite existe el trabajo en red, entendido en términos tanto de acción directa como de reclamo conjunto a las autoridades públicas que sí tienen como mandato asegurar calidad de vida a toda la población.


    ¿Cómo utilizar la información obtenida?

    La participación no se agota en la etapa de diagnóstico, es importante tenerlo en cuenta, si no se trataría de una participación más simbólica que real; por lo contrario, se extiende hasta abarcar todo el ciclo de trabajo de una organización de la sociedad civil. De todos modos, también es cierto de que hay personas rentadas para traducir toda esta información en proyectos y acciones concretas, utilizando metodologías que ya abordamos en otras entradas de este blog. Son ellas, en primer lugar, que necesitan elaborar esta información .

    Un error frecuente, por ejemplo, es encontrar una convocatoria para la presentación de proyectos y recién en ese momento empezar a pensar en cuáles actividades podríamos presentar para una posible financiación. Viendo la escasez de tiempo a disposición, entonces, es casi inevitable elaborar algo a las apuradas para poder llegar.

    Mientras que es mucho más estratégico disponer de un conjunto de información ya elaborada y consensuada con 20-30 personas, actores clave presentes en el territorio. Con esta base es mucho más simple planificar acciones y tenerlas listas para cuando se presente una convocatoria. En este caso, se trataría simplemente de adaptar lo planificado al formato de proyecto que utiliza el potencial financiador.

    Tal vez es justamente en esta última etapa que se vuelve mucho más evidente que el trabajo realizado de dar cabida a la participación, con consecuente gasto de tiempo y energías, tiene un valor irremplazable, incluso para el profesional más destacado. Pero, tal vez más importante aún es que cuando diagnosticamos juntos «no sólo vemos problemas y potencialidades, sino que, a la vez, consensuamos un sentido, un “lugar” al que queremos llegar, una situación deseada, a partir y desde los saberes y la participación de cada uno de los sujetos que interactúan en el análisis, la toma de decisiones y la puesta en marcha de la propuesta [fuente, página 6.


Entrada complementarias sobre el Análisis FODA: 1 - 2 - 3.

Fuentes:

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